A la hora de utilizar la televisión en contextos escolares,
inicialmente tenemos que contar con la percepción de facilidad que connota el
medio para los estudiantes, percepción que de acuerdo con los planteamientos
formulados por Salomón (1981 y 1984) en su teoría del esfuerzo mental, posiblemente lleve a los alumnos a movilizar
menos destrezas cognitivas para el procesamiento de la información y en
consecuencia obtener menores resultados de aprendizaje. 
Suele existir poca interacción entre el profesor de los programas y los alumnos. La que existe es por lo general, por medio de los cuestionarios, que las emisoras envían a las escuelas. Las preconcepciones que se suele tener de este medio, facilita que el alumno pueda caer en la pasividad, y en consecuencia tender a invertir menor esfuerzo mental para el procesamiento de la información. Al alumno no se le suele dar la oportunidad de aplicar inmediatamente los contenidos presentados por el programa. Y las limitaciones propias de la transmisión por aire con las perturbaciones que ello puede original. Como el lector puede fácilmente imaginarse alguna de las limitaciones apuntadas, se resuelven con la grabación en videocasetes de las emisiones, lo que facilita la curricularización de los contenidos y su adaptación y utilización en función de las características de los estudiantes.


